lunes, 16 de enero de 2012

La sirenita del culito verde




Para mi nieta Ana que,  en la playa de 
Mallorca, con un bañador verde, nadaba,
jugando a ser una sirenita traviesa.

A la sirenita del culito verde
que llega de pronto y de pronto se va;
que salta y se ríe, que nada y se pierde,
¿quién la seguirá?

A la sirenita del verde culito
que asoma su rostro mojado y bonito
y luego se esfuma fundida en el mar,
¿quién la encontrará?

Si viene rompiendo la espuma y las olas,
si tiene dos colas,
si bulle y rebulle
y, al fin, se zambulle
y no la ves ya,
¿quién la alcanzará?

Si tiene reflejos de nácar su frente
y lleva corona de oro y coral
pero es elusiva, fugaz, transparente,
¿quién la pescará?

Así está jugando y nadie la toca:
cuando más te acercas está más allá...
Si tiene dulzores de miel en la boca,
¿quién la besará?

Así es la sirenita del culito verde;
de todos se burla; se esconde y se pierde...

Pero yo la tengo.
Yo, que la encontré
en la mar salada,
no la perderé.

Antes que la pesque cualquier marinero,
cogida en mis brazos, me la llevaré.
Y antes que la bese cualquier caballero,
yo la besaré.

Dormirá en mi casa. Yo la velaré;
porque ya era mía, hace muchos años,
cuando la soñé;
porque ya era mía, hace siete años,
cuando la besé
de recién nacida por primera vez.

Ángela Figuera Aymerich

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