viernes, 29 de abril de 2016

El asfódelo, la flor de Perséfone

Foto: Asfódelo y haya muerta. 
¿Quizá son Perséfone y Hades en las soledades de Bertiz?
 Cuenta la leyenda que hubo un año en el que la primavera dejó de ser eterna. La diosa Deméter lo impidió. Estaba agotada de buscar a su hija por todos los confines del mundo. Aquel año ni una mísera briza de hierba brotó. Y tampoco hubo flores, ni frutos con los que saciar el hambre de los hombres o de los animales. Ni siquiera en la más atroz de las guerras se había vivido una situación tan horrenda.
Deméter fue a ver a Helios, el Sol, que desde su altura todo lo ve. Y éste le contó a la diosa que su hija había sido raptada por Hades, el dios de los muertos. Una soleada mañana en la Kore se ufanaba en recoger flores del campo acompañada de las ninfas, la tierra se abrió. De ella surgió Hades, montado en su carro tirado por dos caballos negros como el azabache. Hades raptó a Kore y la hizo su esposa y así la convirtió en Perséfone, la Reina de los muertos.
 Johann Ulrich Krauß, 1690

Deméter descargó su ira contra las ninfas por no haber impedido el rapto, y las desfiguró convirtiéndolas en horribles sirenas. La Humanidad moría de hambre en aquel tiempo sin primavera. Ante la catastrófica situación tuvo que intervenir Zeus, que tras muchas negociaciones consiguió convencer a su hermano Hades de que soltara a Perséfone. Pero el infame Hades planeó un maléfico ardid: hizo comer a Perséfone seis semillas de granada, por lo que Perséfone tendría que volver al inframundo un mes por cada semilla ingerida.
Desde ese momento la primavera no es eterna. Se reduce solo a los meses en los que Deméter y Perséfone se reúnen. Al comienzo del otoño, la bella Reina de los Muertos debe regresar a su reino junto a Hades. Tras tantas primaveras pasadas nunca he logrado ver a Perséfone por mis bosques…. Me pasa como a Odiseo, que tampoco logro verla cuando bajó al Mundo de los Muertos. Pero si pudo sentir su presencia. Como me pasa a mí: ¡sentir su presencia! Exactamente eso.
Deméter y Perséfone; período helenístico; Entre el siglo IV antes de Cristo; 

Fue precisamente en los prados de asfódelos, la primera planicie que encuentran las almas difuntas tras lograr atravesar el río Aqueronte o la laguna Estigia, donde Odiseo se reencontró con sus antiguos compañeros de batallas. Entre las inconfundibles, fantasmagóricas y bellas flores pálidas de esta planta, vagan eternamente las almas de la gente corriente y común. De los que no han sido juzgados ni como bondadosos ni como malvados. El héroe griego tuvo ocasión de consolar a Aquiles, tratar de reconciliarse con Ajax y ver al gigante Orión persiguiendo a las fieras que había matado en vida. En mitad de ese campo de asfódelos también se sitúa el palacio de Hades. Y durante los esponsales con Hades, tan solo las flores de los asfódelos mitigaron la desazón de Perséfone. Desde aquel aciago día, donde está ella, están los asfódelos.
Por ello, la presencia intangible de Perséfone entre nosotros, e incluso el momento exacto de su llegada a nuestro mundo, puede detectarse a poco que nos fijemos en el paisaje. Cada año, en lo más duro del invierno, los campos ven surgir de las entrañas de la tierra las inconfundibles hojas verdes y acintadas de los asfódelos: la flor favorita de Perséfone. Porque las hojas no brotan plácidamente: resquebrajan y rasgan la superficie de la tierra para emerger lenta, pero violentamente, llevándose por delante hasta las piedras que encuentran a su paso. Salen desde el mismísimo inframundo. Y es que los asfódelos son los heraldos de Perséfone en la tierra, cuando regrese a nuestro mundo durante la plácida estación primaveral.
Un halo de misterio rodea todo lo que tiene que ver con esta planta. Sus hojas verdes aparecen tanto en las planicies resecas por el sol, como en las zonas más oscuras donde casi no llega la luz. No hay herbívoro que se atreva a comerla. Acaso algún gazapo, tal vez un lebrato, le dará algunos mordiscos, pero lo indigesto de la planta quedará indeleble en la memoria del animal para el resto de su vida, y jamás volverá a acercarse a ella. Al poco de que el fuego haya consumido los montes, los asfódelos rebrotan en mayor número y con más brío, entre lo calcinado del resto de vegetación. Ni siquiera entonces el ganado le acercará el diente.
Los asfódelos se plantaban al lado de las tumbas, con la finalidad de que los fallecidos tuvieran alimento durante su tránsito. Pero esta planta también quitó el hambre de los vivos. Teofrasto afirmaba que numerosas partes de la planta son comestibles: el tallo o escapo frito, las semillas asadas y sobre todo los referidos tubérculos cortados, cocidos y mezclados con higos. En épocas de carestía en nuestra tierra, algunas de ellas relativamente recientes, volvieron a ser consumidas estas estructuras subterráneas, o sirvieron ocasionalmente para alimentar a animales domésticos como los cerdos.
Cuando Perséfone se reencuentra con su madre, los asfódelos florecen por doquier, con sus inconfundibles flores pálidas y estrelladas. Surgen agrupadas en el ápice del tallo o escapo, que se ha elevado más de un metro sobre la roseta basal de hojas. No hay planta, de las muchas de nuestros campos, que ofrezca semejante aspecto, entre irreal y onírico. Muchos vieron en estas varas el cetro simbólico de Perséfone y Hades, Reyes del Inframundo. Incluso parece que el nombre “asphodelus” con el que lo designaban los antiguos griegos procede precisamente de la palabra griega para cetro.
Al final del verano los asfódelos van marchitándose poco a poco. Las robustas hojas siempre verdes se han resecado y desaparecido; los tallos floríferos secos yacen tronchados por el viento o la mano de un niño; los esféricos frutos se han abierto para liberar las semillas, que volverán a lo más profundo de la tierra. Y es que el tiempo se le agota a Perséfone, que también deberá regresar al reino de Hades, dejando entristecida, una vez más, a su madre. En ese momento, los asfódelos se ausentarán totalmente sin dejar rastro alguno...
En definitiva, el mito del ocaso y renacimiento de la naturaleza, ligado de por vida a una de las plantas más evocadoras de la flora ibérica. Historias, leyendas, etimologías que hunden sus raíces en la noche de los tiempos y que en la Península Ibérica ha mantenido el bello término gamón (desaparecido del resto de Europa), con el que también se conoce al asfódelo en nuestra zona. Gamón que deriva del griego gamos, “matrimonio, unión íntima”, y que nos remite, de nuevo, a Perséfone y su eterno ciclo de vida y muerte.
En la mañanas brumosas de abril los claros del bosque se llenan de asfódelos, y entonces creo presentir la presencia de Perséfone entre las hayas. Y mi imaginación aguarda a que de un momento a otro aparezca, de entre las leves nieblas de abril, el gigante Orión, persiguiendo eternamente a los ciervos.
Juan Goñi
En Mírame Navarra al natural

miércoles, 21 de octubre de 2015

La leyenda de la mariposa azul

 
Cuenta esta leyenda oriental, que hace muchos años, un hombre enviudó y quedó a cargo de sus dos hijas.
Las dos niñas eran muy curiosas, inteligentes y siempre tenían ansias de aprender. Constantemente invadían a preguntas a su padre, para satisfacer su hambre de querer saber. A veces, su padre podía responderles sabiamente, sin embargo, las preguntas de sus hijas le impedían darles una respuesta correcta o que convenciera a las pequeñas.
Viendo la inquietud de las dos niñas, decidió enviarlas de vacaciones a convivir y aprender con un sabio, el cual vivía en lo alto de una colina. El sabio era capaz de responder a todas las preguntas que las pequeñas le planteaban, sin ni siquiera dudar.

Sin embargo, las dos hermanas decidieron hacerle una pícara trampa al sabio, para medir su sabiduría. Una noche, ambas comenzaron a idear un plan: proponerle al sabio una pregunta que éste no fuera capaz de responder.
-¿Cómo podremos engañar al sabio? ¿Qué pregunta podríamos hacerle que no sea capaz de responder?- preguntó la hermana pequeña a la más mayor.
-Espera aquí, enseguida te lo mostraré- indicó la mayor.
La hermana mayor salió al monte y regresó al cabo de una hora. Tenía su delantal cerrado a modo de saco, escondiendo algo.
-¿Qué tienes ahí?- preguntó la hermana pequeña.
La hermana mayor metió su mano en el delantal y le mostró a la niña una hermosa mariposa azul.
-¡Qué belleza! ¿Qué vas a hacer con ella?
-Esta será nuestra arma para hacer la pregunta trampa al maestro. Iremos en su busca y esconderé esta mariposa en mi mano. Entonces le preguntaré al sabio si la mariposa que está en mi mano está viva o muerta. Si él responde que está viva, apretaré mi mano y la mataré. Si responde que está muerta, la dejaré libre. Por lo tanto, conteste lo que conteste, su respuesta será siempre errónea.

Aceptando la propuesta de la hermana mayor, ambas niñas fueron a buscar al sabio.
-Sabio- dijo la mayor- ¿Podría indicarnos si la mariposa que llevo en mi mano está viva o está muerta?
A lo que el sabio, con una sonrisa pícara, le contestó: “Depende de ti, ella está en tus manos”.
Nuestro presente y nuestro futuro esta únicamente en nuestras manos. Nunca debemos culpar a alguien si algo falla. Si algo perdemos o si algo conseguimos, nosotros somos los únicos responsables.
La mariposa azul es nuestra vida. En nuestras manos está que queremos hacer con ella.
Leyenda obtenida de Rincón del Tibet



domingo, 1 de marzo de 2015

3rd Force - You gotta be real

Leyenda sobre el Maneki Neko

Maneki procede del verbo maneku que en japonés significa "invitar a pasar" o "saludar". Neko  significa "gato". Juntos literalmente denotan "gato que invita a entrar". Según la tradición japonesa el mensaje que transmite el gato con el movimiento de su pata es el siguiente: "Entra, por favor. Eres bienvenido".

Os dejo aquí una de las leyendas del origen de esta figura:

Durante el siglo XVII, en la era Edo, en la época de los señores feudales, existía en Tokio un templo que había conocido días mejores y que tenía serios problemas económicos y estaba semi-destruido. El sacerdote del templo era muy pobre, pero aun así, compartía la escasa comida que tenía con su gata, Tama.
Un día, un señor feudal, un hombre de gran fortuna e importancia llamado Naotaka II  fue sorprendido por una tormenta mientras cazaba y se refugió bajo un gran árbol que se encontraba cerca del templo. Mientras esperaba a que amainara la tormenta, el hombre vio que una gata de color blanco, negro y marrón, le hacía señas para que se acercara a la puerta del templo. Tal fue su asombro que dejó el refugio que le ofrecía el árbol y se acercó para ver de cerca a tan singular gata. En ese momento, un rayo cayó sobre el árbol que le había dado cobijo.
A consecuencia de ello, el hombre rico se hizo amigo del pobre sacerdote, financió las reparaciones del templo y éste prosperó, con lo que el sacerdote y su gato nunca volvieron a pasar hambre.
Tras su muerte, Tama recibió un solemne y cariñoso entierro en el cementerio para gatos del Templo Goutokuji, y se creó el Maneki Neko en su honor. Se dice que un Maneki Neko en el lugar de trabajo, el hogar o incluso una página web atrae la buena suerte y los visitantes.



El Zhaocai Mao (chino) o Maneki-neko (en Japón), también conocido como "gato de la suerte" o "gato de la fortuna", es una popular escultura japonesa, la cual se dice que trae buena suerte a su dueño. La escultura representa a un gato, particularmente de la raza bobtail japonés, en una actitud de llamada y no saludando como la mayoría de la gente piensa (esto es porque los orientales no saludan con la mano en posición de supinación-flexión como los occidentales, sino que en posición prona y flexión).

Puede ser vista frecuentemente en tiendas, restaurantes y otros negocios. Suele ser un gato que levanta su pata izquierda invitando a la gente a entrar en los negocios y en la pata derecha una moneda antigua japonesa llamada koban; tiene por lo general un collar con una cascabel que se cree ahuyenta los malos espíritus, elaborada a menudo en porcelana o cerámica, y también actualmente en plástico. En las versiones originales de porcelana, la pata solía estar siempre levantada, aunque en las nuevas versiones de plástico la pata suele moverse de arriba abajo. También la altura a la que la pata es alzada puede variar de una escultura a otra. Se dice que cuanto más alta sea esta, la llamada del gato atraerá a los clientes desde mayor distancia.


Los colores también significan diferentes cosas:

Calico (gato pinto de tres colores, muy común en Japón): Buena suerte, riqueza, prosperidad
Blanco: Pureza, felicidad
Dorado: Riqueza y prosperidad
Rojo: Protección del mal y la enfermedad (sobre todo en niños)
Rosa: Amor, relaciones y romance
Verde: Educación y estudios

En ocasiones, los maneki-neko también portan algún accesorio, como un mandil, un collar o una campana.

Koban (antigua moneda japonesa): Buena suerte
Mazo de dinero: Si ves un martillo pequeño, representa riqueza. Cuando se agita, se supone que el martillo atrae dinero.
Carpa: La carpa japonesa es símbolo de abundancia y buena suerte.
Cuenta o joya: También es para atraer dinero. Otros piensan que es una bola de cristal y representa sabiduría.

Información obtenida de conoce-japon.com

miércoles, 11 de febrero de 2015

La fábula del lápiz de Paulo Coelho

El niñito miraba a la abuela escribir una carta. En un momento dado, le preguntó:

.-Abuela, ¿estás escribiendo una historia que nos sucedió a nosotros? ¿Es por casualidad, una historia sobre mí?

 La abuela dejó de escribir, sonrió y le comentó al nieto:

.- Estoy escribiendo sobre ti, es verdad.  Ahora bien, más importante que las palabras es el lápiz que estoy usando.  Me gustaría que tú fueras como él, cuando crezcas.

El niño miró el lápiz, intrigado, y no vio nada especial.

.- ¡Pero, si es igual a todos los lápices que he visto en mi vida!

 Todo depende de cómo mires las cosas.  Hay cinco cualidades en él que, si consigues conservarlas, te harán siempre una persona en paz con el mundo.

Primera cualidad:

.-Puedes hacer grandes cosas, pero no debes olvidar nunca que existe una Mano que guía tus pasos. A esa Mano la llamamos Dios y Él debe conducirte siempre en la dirección de su voluntad.

Segunda cualidad:

.-De vez en cuando necesito dejar de escribir y usar el sacapuntas.  Con eso el lápiz sufre un poco, pero al final está más afilado.  Por tanto, has de saber soportar algunos dolores, porque te harán ser una persona mejor.

Tercera cualidad:

.-El lápiz siempre permite que usemos una goma para borrar los errores.  Debes entender que corregir una cosa que hemos hecho no es necesariamente algo malo, sino algo importante para mantenernos en el camino de la justicia.

Cuarta cualidad:

.-Lo que realmente importa en el lápiz no es la madera ni su forma exterior,  sino el grafito que lleva dentro.  Por tanto, cuida siempre lo que ocurre dentro de ti.

Por último, la quinta cualidad del lápiz:

.-Siempre deja una marca. Del mismo modo, has de saber que todo lo que hagas en la vida dejará huellas y procura ser consciente de todas tus acciones.

Paulo Coelho de su libro “Como el Río que fluye: Pensamientos y Reflexiones 1998-2005.

domingo, 18 de enero de 2015

La sirenita y el pez



Autor:  Xavier Coderch

El pozo amargo

Tiempo ha que en la noble mansión de doña Leonor el silencio es absoluto. Terminado el rosario, que pasa la propia dueña después de yantar de la noche, los criados, una vez apagadas las luces y escudriñados rincones, retíranse a su aposento a descansar.

Todo es silencio en la noche estrellada y lunar. De improviso, una sombra surge del portal, que con mucho sigilo y cuidando que los goznes no chirríen, cierra las claveteadas puertas, y calado el chambergo, embozado en su amplia capa carmesí y con la mano en la empuñadura de la espada, se aleja procurando que el ruido de las espuelas no le delate. Es el joven don Fernando, que, presuroso, se dirige por la actual calle del Nuncio Viejo, sorteando encrucijadas peligrosas, a ver a Raquel, la bella hebrea, señora de sus pensamientos.

Sonoras e imponentes caen sobre Toledo las diez campanadas de la noche. Don Fernando encamina sus pasos calle abajo, hasta detenerse junto a las tapias de un frondoso jardín que circunda el palacio del potentado israelita Leví. La noche, con su silencio perfumado de mirtos y claveles, envuelve acogedora las fragancias líricas de la juventud. Con cuchillos de plata, la luna hiere en un ventanal sus góticos ajimeces, mientras riela temblorosa, al murmullo del surtidor, en el estanque del jardín.

Como a una cita prevista, en la ventana aparece Raquel, la hija única del potentado judío. Don Fernando, al verla, hace una cortés reverencia, y con agilidad increíble, asiéndose a las yedras y a los salientes, escala la tapia y va a reunirse con la amada en el fondo del jardín. La luna, con su cara enyesada, sonríe funambulescamente al ocultarse entre los jirones de tul de las nubes, pero no sin antes arrancar destellos de una daga que describe una curva de muerte y va por la espalda al corazón de don Fernando. Un gemido ahogado y un cuerpo que se desploma sin vida sobre la arena del jardín, mientras que la sombra homicida se pierde en las frondas. Acude Raquel, y un grito siniestro se escapa de su pecho al ver sangrando en tierra al caballero. La luna se ha ocultado ahora entre nubes cárdenas y estalla el trueno, al tiempo que resuena una carcajada del viejo vengativo.

Todas las noches Raquel acude como a cita imaginaria al brocal del pozo del jardín. Su blanca silueta destaca sobre el fondo verdinegro de los vergeles, mientras sus pálidas manos enlazadas descansan sobre el regazo. Vierte sus lágrimas doloridas en el fondo del pozo, cuyas aguas un día se hacen amargas. Y cierta noche, en el sortilegio del plenilunio, la infeliz Raquel, en su extravío, creyendo ver en las aguas de la cisterna la imagen del amado, es atraída por ella a lo hondo.

Viajero: Esta es la leyenda que dio nombre a la calle del Pozo Amargo, en cuya plaza solitaria verás una losa que cubre aquella poterna de aguas no salobres, sino amargas de las lágrimas que en ella derramó la bella israelita.

Autor: Pablo Gamarra
foto del pozo de  "gabillo", en Flickr.com