domingo, 7 de agosto de 2011

Ser hada madrina

hada madrina Para educar no hay varita mágica


Trabajar de hada madrina

es, sin duda, una tarea

la mar de dura y cansina

que a cualquier hada marea.


Si te toca un pez dorado

que está aprendiendo a nadar,

es un rollo lo mojado

y lo frío que está el mar.


Si un murciélago cegato,

no puedes perder puntada;

pues se pasa todo el rato

de tropezón en trompada.


Lo peor es si una moza

polvorienta y desastrada

quiere ir al baile en carroza

la mar de emperejilada.


Hay que buscar, ¡qué trajín!,

ratones y calabazas

por el huerto y el jardín,

por salones y terrazas.


A un meneo de varita,

pronunciar un trabalenguas

para ponerla bonita

sin que se líe la lengua.


Y es que un hada vive a cien

esforzándose un montón,

porque esto de hacer el bien

exige dedicación.


Se pasa frío y calor

y te da mil sofocones;

¿pero hay oficio mejor

que alegrar los corazones?

Carmen Gil Martínez
(El hada Roberta, Editorial Bambú, nuevo sello de Casals)

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