jueves, 10 de junio de 2010

El puente

“Hace mucho tiempo, las lamias del monte Lexarantzü se comprometieron a hacer un puente en el río de Ligi. ¡Un trabajo difícil, si los hay! ¿Pero es que hay algo que no puedan las lamias?

Fue una noche oscura, ya que no quieren mirones. Se pusieron a trabajar con presteza y en silencio, para acabar el puente antes del amanecer. Levantaron el arco del puente, no de los dos apoyos a la vez, como los hombres; sino desde el uno cara al otro, como acostumbran las lamias.

Había un panadero no lejos de allí y, como siempre, al poco de medianoche encendió el horno. Un gallo joven del gallinero, viendo la iluminación del horno, creyendo que ya era la aurora, comenzó a cantar y a sacudir las alas. Las lamias, con las últimas piedras en las manos, iban a colocarla en su lugar. Cuando oyeron el canto del gallo, ¡brau! tiraron la piedra al fondo del río y ellas, dando un grito estentóreo, se perdieron en la oscuridad.

Desde entonces, cuando el río está en estiaje, cualquiera puede ver en el estribo un gran agujero: el que debía ocupar la última piedra de las lamias.”

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