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miércoles, 15 de diciembre de 2010

Servía en Orán al Rey




















Servía en Orán al Rey
un español con dos lanzas,
y con el alma y la vida
a una gallarda africana,

tan noble como hermosa,
tan amante como amada,
con quien estaba una noche,
cuando tocaron alarma.

Trescientos cenetes eran
de este rebato la causa,
que los rayos de la luna
descubrieron las adargas;

las adargas avisaron
a las mudas atalayas,
las atalayas los fuegos,
los fuegos a las campanas;

y ellas al enamorado,
que en los brazos de su dama
oyó el militar estruendo
de las tropas y las cajas.

Espuelas de honor le pican
y freno de amor le para;
no salir es cobardía,
ingratitud es dejalla.

Del cuello pendiente ella,
viéndole tomar la espada,
con lágrimas y suspiros
le dice aquestas palabras:

"Salid al campo, señor,
bañen mis ojos la cama;
que ella me será también,
sin vos, campo de batalla.

Vestíos y salid apriesa,
que el general os aguarda;
yo os hago a vos mucha sobra
y vos a él mucha falta.

Bien podéis salir desnudo,
pues mi llanto no os ablanda;
que tenéis de acero el pecho
y no habéis menester armas."

Viendo el español brioso
cuánto le detiene, y habla,
le dice así: "Mi señora,
tan dulce como enojada,

porque con honra y amor
yo me quede, cumpla y vaya,
vaya a los moros el cuerpo,
y quede con vos el alma.

Concededme, dueño mío,
licencia para que salga
al rebato en vuestro nombre,
y en vuestro nombre combata".

"Servía en Orán al Rey" (1587)
(Luis de Góngora y Argote)


*Cenetes: eran una tribu bereber de Zeneta, una de la más antiguas y principales del África septentrional.

*Rebato: Alarma o conmoción ocasionada por algún acontecimiento repentino y temeroso.


sábado, 4 de diciembre de 2010

Para ser felices


















No temas niño pequeño
si en la soledad te encuentras
porque la luna te alumbra
mientras bosteza una estrella

No temas mi pequeñito
no temas ángel de dios
porque en tu pecho cantando
se encuentra tu corazón

Las mariposas girando
alrededor de una flor
van deshojando ilusiones...
¡Te las van a dar a vos!

Y los pájaros cantores
se tatúan alegrías
en sus alas, mientras vuelan
con la brisa colorida

Y el sol charla con las nubes
y las nubes con el mar...
Le preguntan curioseando
¿A donde en sus olas va?

Y el mar responde feliz
me voy a dar un paseo
con todos, todos los niños
¡Los niños del mundo entero!

Autora: Justina Cabral
País: Argentina

lunes, 8 de noviembre de 2010

Romance del prisionero














Que por mayo, era por mayo
cuando hace la calor
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor

cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor
cuando los enamorados
van a servir al amor

sino yo triste y cuitado
que vivo en esta prisión
que ni sé cuando es día
ni cuando las noches son

sino por una avecilla
que me cantaba al albor
matómela un ballestero
dele Dios mal galardón

Anónimo


Romance del conde Niño















Conde Niño por amores
es niño y pasó a la mar
va a dar agua a su caballo
la mañana de San Juan.
Mientras su caballo bebe,
él canta dulce cantar :
todas las aves del cielo
se paraban a escuchar.
La reina estaba labrando,
la hija durmiendo está :
- levantáos Albaniña,
de vuestro dulce folgar,
sentiréis cantar hermoso
la sirenita del mar,
- No es la sirenita, madre,
la de tan bello cantar,
sino es el Conde Niño
que por mi quiere finar.
- Si por tus amores pena,
¡oh, mal haya su cantar!
y porque nunca los goce,
yo le mandaré matar.
- Si le manda matar madre,
juntos nos han de enterrar.
El murió a la medianoche,
ella a los gallos cantar ;
a ella, como hija de reyes,
la entierran en el altar ;
a él, como hijo de conde
unos pasos más atrás.
De ella nació una rosal blanco,
de él nació un espino albar ;
crece el uno, crece el otro,
los dos se van a juntar.
La reina llena de envidia
ambos los mandó cortar ;
el galán que los cortaba
no cesaba de llorar.
De ella naciera una garza
de él un fuerte gavilán,
juntos vuelan por el cielo,
juntos vuelan par a par.


Anónimo


domingo, 8 de agosto de 2010

Romance de rosa fresca



















Romance de rosa fresca

¡Rosa fresca, rosa fresca,
tan garrida y con amor,
cuando yo os tuve en mis brazos,
non vos supe servir, non:
y agora que vos servía
non vos puedo yo haber, non!
- Vuestra fue la culpa, amigo,
vuestra fue, que mía non;
enviásteme una carta
con un vuestro servidor,
y, en lugar de recaudar
él dijera otra razón:
que érades casado amigo,
allá en tierras de León;
que tenéis mujer hermosa
e hijos como una flor.
- Quien vos lo dijo, señora,
non vos dijo verdad, non;
que yo nunca entré en Castilla
ni allá en tierras de León,
sino cuando era pequeño,
que non sabía de amor.

Anónimo

sábado, 31 de julio de 2010

ROMANCE DE LA LUNA



















La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira mira.
El niño la está mirando.

En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.

Niño déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño déjame, no pises,
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.

¡Cómo canta la zumaya,
ay como canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con el niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.

el aire la está velando.

Federico García Lorca, 1928


Romance de la Condesita


Grandes guerras se publican
en la tierra y en el mar
y al conde Flores le nombran
por Capitán General.

Lloraba la condesita,
no se puede consolar;
acaban de ser casados
y se tienen que apartar.

- ¿ Cuántos días, cuántos meses
piensas estar por allá ?

- Deja los meses, condesa,
por años debes contar,
si a los tres años no vuelvo,
viuda te puedes llamar.

Pasan los tres y los cuatro,
nuevas del conde no hay;
ojos de la condesita
no cesaban de llorar.

Un día, estando a la mesa,
su padre la empieza a hablar:

- Cartas del conde no llegan,
nueva vida tomarás;
condes y duques te piden,
te debes, hija, casar.

- Carta en mi corazón tengo
que don Flores vivo está.
No lo quiera Dios del cielo
que yo me vuelva a casar.
Dame licencia, mi padre,
para el conde ir a buscar.


- La licencia tienes, hija,
mi bendición además.

Se retiró a su aposento,
llora que te llorarás;
se quitó medias de seda,
de lana las fue a calzar;
dejó zapatos de raso,
los puso de cordobán;
un brial de seda verde
que valía una ciudad,
y encima del brial puso
un hábito de sayal;
esportilla de romera
sobre el hombro se echó atrás;
cogió el bordón en la mano
y se fue a peregrinar.

Anduvo siete reinados,
morería y cristiandad;
anduvo por mar y tierra,
no pudo al conde encontrar;
cansada va la romera,
que ya no puede andar más.

Subió a un puerto, miró al valle
un castillo vio asomar:

- Si aquel castillo es de moros,
allí me cautivarán;
mas si es de buenos cristianos,
ellos me han de remediar.

Y bajando unos pinares,
gran vacada fue a encontrar:

- Vaquerito, vaquerito,
te quería preguntar
¿ de quién llevas tantas vacas,
todas de un hierro y señal ?
- Del conde Flores, romera,
que en aquel castillo está.

- Vaquerito, vaquerito,
más te quiero preguntar
del conde Flores tu amo,
¿cómo vive por acá ?

- De la guerra llegó rico;
mañana se va a casar,
ya están muertas las gallinas,
y están amasando el pan;
muchas gentes convidadas,
de lejos llegando van.

- Vaquerito, vaquerito,
por la Santa Trinidad,
por el camino más corto
me has de encaminar allá.

Jornada de todo el día,
en medio la hubo de andar;
llegada frente al castillo,
con don Flores fue a encontrar,
y arriba vio estar la novia
en un alto ventanal.

- Dame limosna buen conde,
por Dios y por caridad.

- ¡ Oh, qué ojos de romera,
en mi vida los vi tal !

- Sí los habrás visto, conde,
si en Sevilla estado has.

- La romera, ¿es de Sevilla ?
¿ Qué se cuenta por allá ?

- Del conde Flores, señor,
poco bien y mucho mal.

Echó la mano al bolsillo,
un real de plata la da.

- Para tan grande señor,
poca limosna es un real.

- Pues pida la romerica,
que lo que pida tendrá.

- Yo pido ese anillo de oro
que en tu dedo chico está.

Abrióse de arriba abajo
el hábito de sayal:

- ¿ No me conoces, buen conde ?
Mira si conocerás
el brial de seda verde
que me diste al desposar.

Al mirarla en aquel traje,
cayóse el conde hacia atrás.
Ni con agua ni con vino
se le puede recordar,
si no es con palabras dulces
que la romera le da.

La novia bajó llorando
al ver al conde mortal
y abrazando a la romera
se lo ha venido a encontrar.

- Malas mañas sacas, conde,
no las podrás olvidar;
que en viendo una buena moza
luego la vas a abrazar.
Mal haya la romerica,

quien la trajo para acá.

- No la maldiga ninguno
que es mi mujer natural.
Con ella vuelvo a mi tierra:
adiós, señores, quedad;
quédese con Dios la novia
vestidita y sin casar;
que los amores primeros
son muy malos de olvidar.

            *** *** *** 

Este romance es anónimo, como la mayoría de los romances que fueron transmitidos de forma oral, teniendo variaciones, correcciones, acortamientos y mejoras.

viernes, 30 de julio de 2010

El Conde Sisebuto



A cuatro leguas de Pinto
y a treinta de Marmolejo,
existe un castillo viejo
que edificó Chindasvinto.
Perteneció a un gran señor
algo feudal y algo bruto;
se llamaba Sisebuto,
y su esposa, Leonor,

y Cunegunda, su hermana,
y su madre, Berenguela,
y una prima de su abuela
atendía por Mariana.
Y su cuñado, Vitelio,
y Cleopatra, su tía,
y su nieta, Rosalía,
y el hijo mayor, Rogelio.

Era una noche de invierno,
noche cruda y tenebrosa,
noche sombría, espantosa,
noche atroz, noche de infierno,
noche fría, noche helada,
noche triste, noche oscura,
noche llena de amargura,
noche infausta, noche airada.

En un gótico salón
dormitaba Sisebuto,
y un lebrel seco y enjuto
roncaba en el portalón.
Con quejido lastimero
el viento fuera silbaba,
e imponente se escuchaba
el ruido del aguacero.

Cabalgando en un corcel
de color verde botella,
raudo como una centella
llega al castillo un doncel.
Empapada trae la ropa
por efecto de las aguas,
¡como no lleva paraguas
viene el pobre hecho una sopa!

Salta el foso, llega al muro,
la poterna está cerrada.
-¡Me ha dado mico mi amada!
-exclama-. ¡Vaya un apuro!
De pronto, algo que resbala
siente sobre su cabeza,
extiende el brazo, y tropieza
¡con la cuerda de una escala!

-¡Ah!... -dice con fiero acento.
-¡Ah!.. -vuelve a decir gozoso.
-¡Ah!.. -repite venturoso.
-¡Ah!.. -otra vez, y así, hasta ciento.
Trepa que trepa que trepa,
sube que sube que sube,
en brazos cae de un querube,
la hija del conde, la Pepa.

En lujoso camarín
introduce a su adorado,
y al notar que está mojado
le seca bien con serrín.
-Lisardo ... mi bien, mi anhelo,
único ser que yo adoro,
el de los cabellos de oro,
el de la nariz de cielo,

¿qué sientes, di, dueño mío?,
¿no sientes nada a mi lado?,
¿que sientes, Lisardo amado?
Y él responde: -Siento frío.
-¿Frío has dicho? Eso me espanta.
¿Frío has dicho? eso me inquieta.
No llevarás camiseta
¿verdad?... pues toma esa manta.

-Ahora hablemos del cariño
que nuestras almas disloca.
Yo te amo como una loca.
-Yo te adoro como un niño.
-Mi pasión raya en locura,
si no me quieres, me mato.
-La mía es un arrebato,
si me olvidas, me hago cura.

-¿Cura tú? ¡Por Dios bendito!
No repitas esas frases,
¡en jamás de los jamases!
¡Pues estaría bonito!
Hija soy de Sisebuto
desde mi más tierna infancia,
y aunque es mucha mi arrogancia,
y aunque es un padre muy bruto,

y aunque temo sus furores,
y aunque sé a lo que me expongo,
huyamos... vamos al Congo
a ocultar nuestros amores.
-Bien dicho, bien has hablado,
huyamos aunque se enojen,
y si algún día nos cojen,
¡que nos quiten lo bailado!

En esto, un ronco ladrido
retumba potente y fiero.
-¿Oyes? -dice el caballero-,
es el perro que me ha olido.
Se abre una puerta excusada
y, cual terrible huracán,
entra un hombre..., luego un can...,
luego nadie..., luego nada...

-¡Hija infame! -ruge el conde.
¿Qué haces con este señor?
¿Dónde has dejado mi honor?
¿Dónde?, ¿dónde?, ¿dónde?. ¿dónde?
Y tú, cobarde villano,
antipático, repara
cómo señalo tu cara
con los dedos de mi mano.

Después, sacando un puñal,
de un solo golpe certero
le enterró el cortante acero
junto a la espina dorsal.
El joven, naturalmente,
se murió como un conejo.
Ella frunció el entrecejo
y enloqueció de repente.

También quedó el conde loco
de resultas del espanto,
y el perro... no llegó a tanto,
pero le faltó muy poco.
Desde aquel día de horror
nada se volvió a saber
del conde, de su mujer,
la llamada Leonor,

de Cunegunda su hermana,
de su madre Berenguela,
de la prima de su abuela
que atendía por Mariana,
de su cuñado Vitelio,
de Cleopatra su tía,
de su nieta Rosalía
ni de su chico Rogelio.

Y aquí acaba la leyenda
verídica, interesante,
romántica, fulminante,
estremecedora, horrenda,
que de aquel castillo viejo
entenebrece el recinto,
a cuatro leguas de Pinto
y a treinta de Marmolejo

Joaquín Abatí Díaz
Joaquín Abatí Díaz, (Madrid, 1865-1936) Comediógrafo español. Cultivó el género ligero y cómico, con tendencia a la astracanada, como en El orgullo de Albacete, Genio y figura, El gran tacaño, etc. Escritor fecundísimo, se le deben mas de 180 obras, casi siempre en colaboración, especialmente con Amiches y con Antonio Paso. Sus obras destacan por la sencillez de la trama y por el detalle colorista. Es autor de la letra de zarzuelas muy populares: El asombro de Damasco, La hostería del Laurel, y otras. De entre sus últimas obras cabe mencionar Entre doctores; Los perros de presa; Riña de gallos; Las hijas políticas; La reina gitana; Don Esperpento; Don Quijote ha vuelto; Azucena y Los chamarileros.