sábado, 28 de enero de 2012

El burro del botijero




El hombre empieza a gritar:
-¿Qué diablos te pasa, hijo?
¿Por qué no quieres andar?
¿Ves?...¡Ya me has roto un botijo!...
Estoy harto de tirar
de ti...¿te clavas en el suelo?...
Pues te juro por mi abuelo,
que me la vas a pagar!...
Anda, amigo mío, anda;
pórtate como Dios manda
y... no me seas burro, burro,
porque, mira, si me aburro,
te voy a dar una tanda
de palos en el culete
que vas a estar más de siete
días dándole a la cola
para refrescarlo...¡Hola!
Conque...¿me guiñas un ojo?...
¡So sinvergüenza!... Si cojo
el palo...

Y el burro habló:
-Eres más burro que yo
y tienes muy malos modos.
El botijo se rompió
pues se había de caer.
Y van a caerse todos
si no los sabes poner
mejor... y yo echo a correr.

Así que, dime, ceporro...
¿Qué hacemos?... ¿Corro o no corro?


de Canciones para todo el año, 1984
Ángela Figuera Aymerich

jueves, 26 de enero de 2012

El obstáculo


Por el sendero misterioso, recamado en sus bordes de exquisitas plantas en flor y alumbrado blandamente por los fulgores de la tarde, iba ella, vestida de verde pálido, verde caña, con suaves reflejos de plata, que sentaba incomparablemente a su delicada y extraña belleza rubia. 
Volvió los ojos, me miró larga y hondamente y me hizo con la diestra signo de que la siguiera. 

Eché a andar con paso anhelado; pero de entre los árboles de un soto espeso surgió un hombre joven, de facciones duras, de ojos acerados, de labios imperiosos. 

-No pasarás –me dijo, y puesto en medio del sendero abrió los brazos en cruz. 

-Sí pasaré –respondíle resueltamente y avancé; pero al llegar a él vi que permanecía inmóvil y torvo. 

-¡Abre camino! –exclamé. 

No respondió. 
Entonces, impaciente, le empujé con fuerza. No se movió. 
Lleno de cólera al pensar que la Amada se alejaba, agachando la cabeza embestí a aquel hombre con vigor acrecido por la desesperación; mas él se puso en guardia y, con un golpe certero, me echó a rodar a tres metros de distancia. 

Me levanté maltrecho y con más furia aún volví al ataque dos, tres, cuatro veces; pero el hombre aquel, cuya apariencia no era de Hércules, pero cuya fuerza sí era brutal, arrojóme siempre por tierra, hasta que al fin, molido, deshecho, no pude levantarme… 

¡Ella, en tanto, se perdía para siempre! 
Aquella mirada reanimó mi esfuerzo e intenté aún agredir a aquel hombre obstinado e impasible, de ojos de acero; pero él me miró a su vez de tal suerte, que me sentí desarmado e impotente. 

Entonces una voz interior me dijo: 
-¡Todo es inútil; nunca podrás vencerle! 
Y comprendí que aquel hombre era mi Destino.

Amado Nervo



martes, 24 de enero de 2012

Cuentan que en un...




Cuentan que en un aeropuerto  del sudeste asiático, una joven norteamericana con falda larga, sandalias, pelo suelto y mochila lloraba  desconsoladamente. La cara hinchada y enrojecida, los hombros se sacudían con los espasmos de sus sollozos.

Un grupo de turistas dispuestos a documentarse en un vuelo hacia EU su pais de origen, conmovidos ante el sufrimiento visible de la muchacha se acercaron a ella para tratar de ayudarla.

Llevo casi dos días sentada en esta sala de espera, el poco dinero que me quedaba lo usé para comprar mi pasaje de avión de regreso a mi país. No he comido ni dormido porque al llegar aqui me di cuenta de que perdí el boleto. No tengo a donde ir, ni  siquiera me alcanza para una llamada telefónica.

Un matrimonio de edad madura decide protegerla y la señora se ofrece a acompañarla al baño para que se seque las lágrimas, se arregle un poco para llevarla luego a comer algo. La joven empieza a tranquilizarse y accede a que la ayuden. De pronto, al levantarse, da un grito que estremece a los que la escuchan. Al incorporarse,  la muchacha se da cuenta de que en el asiento estaba el boleto de avión que creía perdido y que le permitiría volver a casa.

Hasta aqui la historia. ¿ Cuantas veces a lo largo de los años habremos actuado asi, lamentando nuestra mala suerte y nuestras cirunstancias y paralizándonos ante las posibilidades de salida de una situación difícil? ¿ A cuantas personas conoces que se sientan sobre su boleto? ¿ O puedes asegurar que has aprovechado cada ocasión de mejorar o cambiar, enfrentando de manera optimista y positiva las circunstancias?

A veces con excusas y seudorazonamientos nos sentamos a llorar por un boleto que creemos perdido y para encontrarlo sólo es necesario que nos levantemos y encaremos las cosas....
 Y tú, ¿Donde  acostumbras sentarte?

Robert Fulghum

Una estrella más...


Cuento sufí


Había una vez un escritor que vivía a orillas del mar; en una enorme playa virgen donde tenía una casita, allí pasaba temporadas escribiendo y buscando inspiración para su libro. Era un hombre inteligente, culto y con sensibilidad acerca de las cosas importantes de la vida.

Una mañana mientras paseaba a orillas del océano vio a lo lejos una figura que se movía de manera extraña como si estuviera bailando. Al acercarse vio que era un muchacho que se dedicaba a coger estrellas de mar de la orilla y lanzarlas otra vez al mar.

El hombre le preguntó al joven que estaba haciendo. Este le contestó:

– “Recojo las estrellas de mar que han quedado varadas y las devuelvo al mar; la marea ha bajado demasiado y muchas morirán”.

Dijo entonces el escritor:
-” Pero esto que haces no tiene sentido, primero es su destino, morirán y serán alimento para otros animales y además hay miles de estrellas en esta playa, nunca tendrás tiempo de salvarlas a todas”.

El joven miró fijamente al escritor, cogió una estrella de mar de la arena, la lanzó con fuerza por encima de las olas y exclamó ” para ésta… sí tiene sentido”.

El escritor se marchó un tanto desconcertado, no podía explicarse una conducta así. Esa tarde no tuvo inspiración para escribir y en la noche no durmió bien, soñaba con el joven y las estrellas de mar por encima de las olas.

A la mañana siguiente corrió a la playa, buscó al joven y le ayudó a salvar estrellas…

lunes, 23 de enero de 2012

Leyenda china




Cierto día, un sabio visitó el infierno. Allí, vio a mucha gente sentada en torno a una mesa ricamente servida. Estaba llena de alimentos, a cual más apetitoso y exquisito. Sin embargo, todos los comensales tenían cara de hambrientos y el gesto demacrado: Tenían que comer con palillos; pero no podían, porque eran unos palillos tan largos como un remo. Por eso, por más que estiraban su brazo, nunca conseguían llevarse nada a la boca.

Impresionado, el sabio salió del infierno y subió al cielo. Con gran asombro, vio que también allí había una mesa llena de comensales y con iguales manjares. En este caso, sin embargo, nadie tenía la cara desencajada; todos los presentes lucían un semblante alegre; respiraban salud y bienestar por los cuatro costados. Y es que, allí, en el cielo, cada cual se preocupaba de alimentar con los largos palillos al que tenía enfrente.

Fuente. solidaridad.net

El águila y el escarabajo


«Que me matan; favor»: así clamaba 
una liebre infeliz, que se miraba
en las garras de una Águila sangrienta. 
A las voces, según Esopo cuenta, 
acudió un compasivo Escarabajo;
y viendo a la cuitada en tal trabajo, 
por libertarla de tan cruda muerte, 
lleno de horror, exclama de esta suerte: 

«¡Oh reina de las aves escogida!
¿Por qué quitas la vida
a este pobre animal, manso y cobarde? 
¿No sería mejor hacer alarde
de devorar a dañadoras fieras,
o ya que resistencia hallar no quieras, 
cebar tus uñas y tu corvo pico
en el frío cadáver de un borrico?»

Cuando el Escarabajo así decía, 
la Águila con desprecio se reía,
y sin usar de más atenta frase, 
mata, trincha, devora, pilla y vase. 

El pequeño animal así burlado 
quiere verse vengado.
En la ocasión primera
vuela al nido del Águila altanera, 
halla solos los huevos, y arrastrando, 
uno por uno fuelos despeñando; 
mas como nada alcanza
a dejar satisfecha una venganza, 
cuantos huevos ponía en adelante 
se los hizo tortilla en el instante. 

La reina de las aves sin consuelo, 
remontaba su vuelo,
a Júpiter excelso humilde llega, 
expone su dolor, pídele, ruega 
remedie tanto mal; el dios propicio, 
por un incomparable beneficio,
en su regazo hizo que pusiese 
el Águila sus huevos, y se fuese; 
que a la vuelta, colmada de consuelos, 
encontraría hermosos sus polluelos. 

Supo el Escarabajo el caso todo: 
astuto e ingenioso hace de modo 
que una bola fabrica diestramente 
de la materia en que continuamente 
trabajando se halla,
cuyo nombre se sabe, aunque se calla, 
y que, según yo pienso,
para los dioses no es muy buen incienso. 

Carga con ella, vuela, y atrevido
pone su bola en el sagrado nido. 
Júpiter, que se vio con tal basura, 
al punto sacudió su vestidura, 
haciendo, al arrojar la albondiguilla, 
con la bola y los huevos su tortilla. 

Del trágico suceso noticiosa, 
arrepentida el Águila y llorosa 
aprendió esa lección a mucho precio:
a nadie se le trate con desprecio, 
como al Escarabajo,
porque al más miserable, vil y bajo, 
para tomar venganza, si se irrita, 
¿le faltará siquiera una bolita?

Felíx María Samaniego






miércoles, 18 de enero de 2012

Los gusarapitos, la oruga y la mariposa





El gusarapito y la gusarapita
muy acicalados se van de visita.

Pasito a pasito, llegan a una huerta
y en ella se meten sin abrir la puerta.

Se acercan a un cuadro sembrado de coles
donde merendaban diez mil caracoles:

-¿Sabéis donde vive la señora oruga,
la que siempre estaba comiendo lechuga?

-Lo sentimos mucho, pero no sabemos;
hace varios días que ya no la vemos.

Revoloteando por entre las flores,
una mariposa de vivos colores
les dice riendo:
                -Ya no soy oruga,
ahora bebo néctar, no como lechuga.

Los guasarapitos se quedan mirando
cómo se va al cielo revoloteando.

de Canciones para todo el año -1984

Ángela Figuera Aymerich




lunes, 16 de enero de 2012

La sirenita del culito verde




Para mi nieta Ana que,  en la playa de 
Mallorca, con un bañador verde, nadaba,
jugando a ser una sirenita traviesa.

A la sirenita del culito verde
que llega de pronto y de pronto se va;
que salta y se ríe, que nada y se pierde,
¿quién la seguirá?

A la sirenita del verde culito
que asoma su rostro mojado y bonito
y luego se esfuma fundida en el mar,
¿quién la encontrará?

Si viene rompiendo la espuma y las olas,
si tiene dos colas,
si bulle y rebulle
y, al fin, se zambulle
y no la ves ya,
¿quién la alcanzará?

Si tiene reflejos de nácar su frente
y lleva corona de oro y coral
pero es elusiva, fugaz, transparente,
¿quién la pescará?

Así está jugando y nadie la toca:
cuando más te acercas está más allá...
Si tiene dulzores de miel en la boca,
¿quién la besará?

Así es la sirenita del culito verde;
de todos se burla; se esconde y se pierde...

Pero yo la tengo.
Yo, que la encontré
en la mar salada,
no la perderé.

Antes que la pesque cualquier marinero,
cogida en mis brazos, me la llevaré.
Y antes que la bese cualquier caballero,
yo la besaré.

Dormirá en mi casa. Yo la velaré;
porque ya era mía, hace muchos años,
cuando la soñé;
porque ya era mía, hace siete años,
cuando la besé
de recién nacida por primera vez.

Ángela Figuera Aymerich

lunes, 9 de enero de 2012

La luciérnaga y la serpiente

la-luc11.jpg

Cuenta una fábula que en cierta ocasión una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga; ésta huía muy rápido y llena de miedo de la feroz depredadora, pero la serpiente no pensaba desistir en su intento de alcanzarla.


La luciérnaga pudo huir durante el primer día, pero la serpiente no desistía, dos días y nada, al tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga detuvo su agitado vuelo y le dijo a la serpiente: ¿Puedo hacerte tres preguntas?


No acostumbro conceder deseos a nadie, pero como te voy a devorar, puedes preguntar, respondió la serpiente.


Entonces dime:
¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?
¡No!, contestó la serpiente.


¿Yo te hice algún mal?
¡No!, volvió a responder su cazadora.


Entonces, ¿Por qué quieres acabar conmigo?
¡Porque no soporto verte brillar!, fue la última respuesta de la serpiente.


Muchos de nosotros nos hemos visto envueltos en situaciones donde nos preguntamos:


¿Por qué me pasa esto si yo no he hecho nada malo?
Sencillo... porque hay algunos(as) que no soportan verte brillar.


Cuando esto pase, no dejes de brillar, continúa siendo tú mismo, continúa y sigue dando lo mejor de ti, sigue haciendo lo mejor, no permitas que te lastimen, no permitas que te hieran, sigue brillando y no podrán tocarte... porque tu luz seguirá intacta. Tu esencia permanecerá, pase lo que pase..... Se siempre auténtico, aunque tu luz moleste a los depredadores!!

miércoles, 4 de enero de 2012

La llegada de los Reyes Magos



Reyes que venís por ellas,
no busquéis estrellas ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas.

Reyes que venís de Oriente
al Oriente del sol solo,
que más hermoso que Apolo,
sale del alba excelente.

Mirando sus luces bellas,
no sigáis la vuestra ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas.

No busquéis la estrella ahora,
que su luz ha oscurecido
este sol recién nacido,
en esta Virgen Aurora.

Ya no hallaréis luz en ellas,
el niño os alumbra ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas.

Aunque eclipsarse pretende,
no reparéis en su llanto,
porque nunca llueve tanto
como cuando el sol se enciende.

Aquellas lágrimas bellas,
la estrella oscurece ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas.


Lope de Vega

La niña rosa



Cristal, oro y rosa. Alba en Palestina.
Salen los tres reyes de adorar al Rey,
flor de infancia llena de una luz divina
que humaniza y dora la mula y el buey.
Baltasar medita, mirando la estrella
que guía en la altura. Gaspar sueña en
la visión sagrada. Melchor ve, en aquella
visión, la llegada de un mágico bien.
Las cabalgaduras sacuden los cuellos
cubiertos de sedas y metales. Frío
matinal refresca belfos de camellos
húmedos de gracia, de azur y rocío.
Las meditaciones de la barba sabia
van acompasando los plumajes flavos,
los ágiles trotes de potros de Arabia
y las risas blancas de negros esclavos.

¿De dónde vinieron a la Epifanía?
¿De Persia? ¿De Egipto? ¿De la India? Es en vano
cavilar. Vinieron de la luz, del Día,
del Amor. Inútil pensar. Tertuliano.
El fin anunciaban de un gran cautiverio,
y el advenimiento de un raro tesoro.
Traían un símbolo de triple misterio,
portando el incienso, la mirra y el oro.
En las cercanías de Belén se para
el cortejo. ¿A causa? A causa de que
una dulce niña de belleza rara
surge ante los magos, toda ensueño y fe.
- “¡Oh, reyes!” -les dice- “Yo soy una niña
que oyó a los vecinos pastores cantar,
y desde la próxima florida campiña
miró vuestro regio cortejo pasar.
Yo sé que ha nacido Jesús Nazareno,
que el mundo está lleno de gozo por El,
y qué es tan rosado, tan lindo y tan bueno,
que hace al sol más sol, y a la miel más miel.
Aún no llega el día…¿Dónde está el establo?
¡Prestadme la estrella para ir a Belén!
No tengáis cuidado que la apague el diablo
con mis ojos puros la cuidare bien!”
Los magos quedaron silenciosos, bella
de toda belleza, a Belén tornó
la estrella y la niña, llevada por ella
al establo, cuna de Jesús, entró.
La madre miraba a su niño lucero
las dos bestias buenas daban su calor
sonreía el santo y viejo carpintero,
la niña estaba temblando de amor.
Allí había oro en cajas reales,
perfume en frascos de hechura oriental,
incienso en copas de finos metales,
y quesos y flores y miel de panal.
¡Qué dar a ese niño, qué dar sino ella!
¿Qué dar a ese tesoro divino, Señor?
Le hubiera ofrecido la mágica estrella,
la de Baltasar, Gaspar y Melchor.
Mas a los influjos del hada amorosa,
que supo el secreto de aquel corazón,
se fue convirtiendo poco a poco en rosa,
en rosa más bella que las de Sarón.
La metamorfosis fue santa aquel día
(la sombra lejana de Ovidio aplaudía)
Pues la dulce niña ofreció al Señor,
que le agradecía y le sonreía,
en la melodía de la Epifanía,
su cuerpo hecho pétalos y su alma hecha flor…
 Rubén Darío