jueves, 30 de septiembre de 2010

Canción: El barco chiquitito (Rosa León)



Habia un barco chiquitito
Habia un barco chiquitito

que no sabi bi bia navegar
que no sabi bi bia navegar
oe oe oeoeoe oe oe

despues de cinco o seis semanas
despues de cinco o seis semanas

no habia na na nada que comer
no habia na na nada que comer
oe oe oeoeoeoe oe oe

y prepararon calcetines
y prepararon calcetines

con salsa bla blan blanca y al jerez
con salsa bla blan blanca y al jerez
oe oe oeoeoeoe oe oe

y se pusieron muy malitos
y se pusieron muy malitos

y se tuvi vi vieron que volver
y se tuvi vi vieron que volver
oe oe oeoeoeoe oe oe

si nuestra historia os ha gustado
si nuestra historia os ha gustado

la volvere re remos a contar
la volvere re remos a contar
oe oe oeoeoeoe oe oe

Rosa León - Debajo un botón (canciones infantiles)



Debajo un botón, ton, ton
que encontró Martín, tin ,tin
había un ratón, ton, ton,
¡ay! que chiquitín, tin, tin.

¡Ay! que chiquitín, tin, tin,
era aquel ratón, ton, ton,
que encontró Martín, tin, tin,
debajo un botón, ton, ton.

Es tan juguetón, ton, ton,
el señor Martín, tin, tin,
que guardó el ratón, ton, ton,
en un calcetín, tin, tin.

En un calcetín, tin, tin,
vive aquel ratón, ton, ton,
que metió Martín, tin, tin,
el muy juguetón, ton, ton.

El miedo del niño negro







Ya viene la farolera
para encender los faroles,
y el niño tranquilo duerme
sin miedo en la oscura noche

Ya llega la luna llena
que tu cuna niño alumbra
y te sonríe y se ríe
con su cara de aceituna

Ya viene el hada cantora
para alegrarte los sueños
y el duende de tus macanas
que vela en todos tus juegos

Ya viene, corriendo llega
el libro de los chinventos
a darte un beso en la frente
para decirte "Te quiero"

Viste un largo camisón
un camisón con lunares
de colores...colorín
con estrellitas fugases

Cometa de tu cunita,
marcianito caprichoso,
hoy el miedo malo malo
se vistió con traje y moño

Y colorín, color verde
"y colorín, colorado"
sin miedito niño negro
dale a tu madre un abrazo

Autora: Justina Cabral (Argentina)

Dedicado al sapo Pepe














En el jardín de mi casa
tengo un sapo juguetón
cosquilloso y muy glotón...
¡Come muchos caramelos!
Lo bautizé hace poquito
con todo mi corazón
y me llené de emoción...
¡Es un sapo muy bonito!
.
Ayer me invitó a pasear
por un jardín de colores...
¡Que bonitas son tus flores
exlamé con alegría!
El sapito muy feliz
se olvidó de sus temores
y de los agrios dolores
y se comió una perdíz
.
Y este cuento colorado,
llego verde hasta su fín...
*
*
Autora: Justina Cabral
País: Argentina
Derechos reservados

miércoles, 29 de septiembre de 2010

El basilisco del pozo - Mendoza, Araba -

En Mendoza de Araba existe un barrio llamado Urrialdo que hace muchos años estaba muy poblado, tenía numerosas casas y era un lugar próspero y rico.

Un día, sin embargo, ocurrió algo que angustió y acabó con la alegría de los habitantes de Urrialdo. Una serpiente robó un huevo de gallina y lo empolló. Llegado el momento, el huevo se rompió, y de él salió un basilisco. Tenía el tamaño de un gato, su cabeza parecía la de un gallo con dientes, su cuerpo era de serpiente, tenía unas alas llenas de espinas y su cola era larga y puntiaguda como una lanza.


El basilisco es el animal más terrible que existe, y sus armas son sus ojos y sus dientes. La mirada del basilisco es mortal, hace que las plantas se marchiten, que los árboles se sequen y que
los pájaros caigan en pleno vuelo. La única planta capaz de resistir su mirada es la “hierba de gracia”(boskoitza), que cura las heridas causadas por los dientes del basilisco. Y sólo hay dos animales capaces de vencerlo: el gallo y la comadreja.

El horrible animal muere al oír el canto de un gallo o cuando la comadreja le da un mordisco. Pero los habitantes de Urrialdo
no lo sabían. El basilisco apareció un buen día en el pozo, sentado encima de un tronco que flotaba en el agua. Las primeras en verlo fueron dos mujeres que se acercaron a lavar la ropa.

—¿Qué es eso que hay en medio del agua? —preguntó una.

—Pues..., no sé... Yo diría que es un gallo... —respondió la otra.

—¿Un gallo en medio del agua? ¿Dónde se ha visto algo igual?

En eso, el basilisco clavó su mirada en ellas, y dos segundos más tarde estaban muertas.

El monstruo desapareció. Nadie podía explicar aquellas muertes, y el temor empezó a apoderarse de los habitantes de Urrialdo cuando, al día siguiente, apareció un hombre muerto, y luego otro, y otro... Todas las muertes tenían lugar cerca del pozo, pero nadie había visto nada raro, así que decidieron mandar a un mozo para que vigilase.

Aún no había amanecido y el joven se subió a un árbol y esperó, oculto entre las ramas. Cerca del mediodía, vio un carruaje que se acercaba por el camino del pozo. Los viajeros contemplaban el paisaje y hacían comentarios sobre las casas. En eso, se fijaron en el lago y al instante, emergiendo entre las aguas, apareció el basilisco. Su mirada se clavó en el carruaje y, antes de que el mozo que estaba en el árbol pudiera darse cuenta de lo que ocurría, el vehículo y sus ocupantes desaparecieron.

Martín se quedó con la boca abierta del asombro, se frotó los ojos creyendo que estaba soñando, miró de nuevo al lago..., pero el basilisco había desaparecido. Al enterarse de lo ocurrido, todos los habitantes de Urrialdo comenzaron a temblar de miedo. No sabían cómo luchar contra un ser tan poderoso y decidieron marcharse del pueblo, porque lo más importante era seguir vivos. Sólo unos pocos se atrevieron a quedarse allí. Pero el tiempo pasaba, las casas abandonadas iban cayéndose de viejas y los que habían decidido quedarse eran cada día más pobres, porque tenían miedo a salir y encontrarse con el basilisco, y tampoco se atrevían a utilizar el agua del pozo.

Los animales andaban sueltos, tratando de encontrar comida porque sus dueños ya no se ocupaban de ellos. Cuando se acercaban al pozo para beber, aparecía el basilisco y los mataba con la mirada.

Un día, un viejo gallo al que casi ya no le quedaban plumas, se acercó al pozo. El basilisco apareció y se lo quedó mirando, pero su mirada nada podía contra el viejo gallo, que también lo miró, y así estuvieron durante un buen rato. Creyendo el gallo que aquel otro había ido a quitarle el puesto de jefe en el gallinero, cogió aire, hinchó el pecho y cantó tan fuerte como cuando era joven. El basilisco se convirtió en estatua de piedra, se rompió en varios cachos y se hundió en el agua. Nunca más se ha visto un basilisco en la región, pero los habitantes que se habían marchado no regresaron, y el pueblo de Urrialdo no volvió a conocer la prosperidad que una vez tuvo.

En su «Diccionario de mitología vasca», J. M. de Barandiaran comenta, hablando de la palabra “osin”, pozo o lago, que es creencia popular que en aquellos pozos en donde el agua tira hacia abajo viven ciertos genios. A algunos de estos pozos se les atribuye un origen extraordinario como, por ejemplo, en Bikuña de Araba y otros pueblos de la comarca se recuerda que en un lugar del monte Basabea se hundieron dos yuntas de bueyes con sus carros y sus boyeros, apareciendo después un pozo que aún existe. En el pueblo alavés de Caicedo se cuenta que, en el mismo sitio donde se encuentra el lago, había hace tiempo un rico caserío que se hundió en la tierra porque sus habitantes no quisieron socorrer a una pobre mendiga.

Toti Martínez de Lezea - Leyendas de Euskal Herria -




jueves, 16 de septiembre de 2010

La blanca gaviota y el travieso sol

Erase una bella gaviota tan blanca, pero tan blanca, que al pasar por una nube no se veía, porque se confundía con el color de las nubes.

Todas las mañanas al despertarse, salía volando en dirección al Sol, buscando nuevas aventuras. Ella sabía que en la mañana el Sol salía por el Oriente, y que si volaba hacia él, iría alejándose de su casa. También sabía que por las tardes el Sol se ponía por el Occidente, y que si se dirigía hacia él, iría a su casa. Por esta razón nuestra amiga jamás se perdía.

Se cuenta que un día el Sol amaneció contento y con ganas de hacer alguna travesura. Se trazó un plan y se propuso jugarle una broma a nuestra amiga la gaviota. Ese día el Sol salió como siempre por el Oriente, pero en el plan estaba calculado no ponerse por el Occidente sino por el Sur. -¡imagínense lo que pasará con esta loca travesura!-. Al amanecer, nuestra amiga se enrumbó como de costumbre hacia el Oriente, contenta como siempre mirando el mar y a los muchos peces haciendo piruetas; le agradaba ver las rocas en la orilla del mar y de vez en cuando parloteaba con otras gaviotas que venían de otros sitios. Ese día almorzó sobre una roca que estaba situada en el medio del mar, mientras escuchaba como el mar con violentas olas iba y venía. Así, después de tanto ajetreo, se dedicó a esperar que el Sol se ocultara por el Oeste para que le sirviera de guía una vez más en su regreso a casa. Al rato levantó vuelo y se dirigió al Sol, pero éste siguiendo su plan de jugarle una mala pasada, no se estaba poniendo por el Oeste sino por el Sur, tal y como lo había decidido. Nuestra amiga tal vez un poco cansada no se percató que su vuelo iba directo a las montañas.

Ella se dió cuenta que no encontraba su casa, sólo veía montañas, bosques y árboles, pero su casa no se veía por ninguna parte. Cansada de volar decidió pararse a descansar y tratar de entender lo que pasaba.

Al posarse sobre un árbol encontró a una graciosa ardilla que al ver la gaviota se asustó, pues nunca había visto un ave de mar por tierra.

¿Qué estás haciendo tú por aquí, tan lejos de tu mundo?, le preguntó la ardillita.

Realmente no entiendo lo que pasa, todos los días para regresar a mi casa me guío por el Sol, pero en esta oportunidad me perdí en el camino, estoy en un lugar desconocido. ¿Qué hago ahora?, preguntó la extraviada gaviota.

Sólo alguien con todo el conocimiento necesario, podría ayudarte y en el bosque, solo el señor sabio Don Juan Lechuza es capaz de encontrarle una solución a ese terrible problema, le dijo la ardillita.

¿Y dónde puedo encontrar al señor sabio Don Juan Lechuza?, le preguntó la gaviota.

El se encuentra en el árbol más, pero más grande del bosque, y en la punta más, pero más alta, le respondió la ardillita.

La gaviota emprendió el vuelo, no sin antes despedirse de su apreciada amiga quien, aparte de darle una información que podía ayudarla mucho, le había dado además tranquilidad y esperanza, al ofrecerle una solución al problema.

Tan sólo tenia que encontrar al señor sabio Don Juan Lechuza, y para ello necesitaba encontrar el árbol más alto del bosque. Se dijo a si misma: ¿Cómo puedo encontrar el árbol más alto del bosque?. Bueno, creo que eso no es dificil; subiré volando a lo más alto y el pico del árbol que se vea más, será porque es el más alto, y así lo hizo. Ascendió rapidísimo hasta lo más alto y desde allí vió cual era el pico que más sobresalía y se dirigió hasta ese pico, se posó en el árbol y llamó al señor sabio Don Juan Lechuza, pero nadie respondía; repitió su llamado pero en ese árbol no había respuesta.

Busco el árbol más alto y no entiendo porqué si este es el que más se ve desde la altura, no es el más alto.

Nuestro amigo el carpintero le resolvió el problema:

Este árbol parece el más alto, pero no lo es, porque está ubicado en la loma más elevada de la montaña, pero los árboles más altos están en las bases de las montañas e igualan a los de la punta o parecen más pequeños porque al estar en la base, los de la cima parecen más altos. ¡Pues claro! - dijo la gaviota, pero ahora ¿Cómo encontraré el árbol más alto?.

Nuestro amigo el carpintero le dijo:

El árbol más alto es el más viejo y el más viejo es el más duro, porque los árboles al crecer van colocando más y más capas de corteza alrededor de ellos mismos y por eso son los más duros. Veamos, yo he picado todos los árboles de éste bosque y puedo decirte que el más duro es el Sr. Roble, que está en la base de la montaña, pegado a la ladera del río.

La gaviota se emocionó toda, agradeció de mil maneras a nuestro amigo el carpintero y se dirigió hacia el árbol más grande, el Sr. Roble.




Al llegar a él, inmediatamente empezó a buscar al señor sabio Don Juan lechuza, pero el árbol era gigantesco, iba a tener que buscar mucho hasta encontrarlo. Buscaba y buscaba, y no lo hallaba. Se encontró con el Señor Saltamontes, pero al acercársele a él, pegó un salto tan grande que ni siquiera pudo ver a dónde se había ido. Se encontró con el Sr. Grillo, pero éste sólo grillaba pidiendo agua y no pudo entenderse con él. Al fin se consiguió con alguien que hablaba algo que ella entendía, era el Sr. Gavilán, fuerte y poderoso, la miró de arriba a abajo y le preguntó: ¿Qué haces por aquí?

Nuestra amiga la gaviota le contestó: Busco al señor sabio Don Juan Lechuza.

El gavilán le responde: Al sabio no le gusta, ni necesita la luz; debes buscarlo en las zonas más oscuras del árbol. ¡Claro!, dijo la gaviota, a las lechuzas no les gusta la luz, el debe estar en las zonas más oscuras.

Velozmente se dirigió a las zonas oscuras del árbol y allí por fin encontró al señor sabio Don Juan Lechuza. ¡Señor sabio, señor sabio!, por favor, ¡Podría usted ayudarme?, tengo mucho tiempo buscándolo para ver si puede ayudarme a encontrar el camino de regreso a casa. Vea, señor sabio, estoy perdida desde ayer cuando salí como siempre a ver el mar.

Nuestro amigo el señor sabio se volteó lentamente, como siempre hacen las lechuzas, abrió un solo ojo y vió a nuestra desesperada amiga que estaba solicitando su ayuda, y le dijo: Tu eres una gaviota marina, blanca como las nubes, solo comes pescado y vives en las rocas de las montañas que están al borde del mar, hazme el favor de decirme ¿Qué haces por aquí tan lejos de tu casa?.



La gaviota le explicó con detalles todo lo ocurrido y nuestro amigo el Buho se puso a pensar, había que buscar el camino de vuelta y este debía de ser tan claro que no produjera ninguna confusión ni equivocación y que fuera fácil de recordar para que la gaviota si se volviese a perder algún día, pudiera fácilmente conseguir el camino a su casa. El señor Lechuza, como todos los sabios, resolvía los problemas con preguntas y por ello le preguntó a nuestra amiga la gaviota:

¿Qué es lo que más abunda por tu casa, amiga gaviota?

El agua, contestó la gaviota.

¿Y de dónde viene toda esa agua?.

Bueno, a veces de la Iluvia, pero también de algunos rios que caen al mar, contestó la gaviota.

Y el agua de esos rios ¿De dónde viene?.

De las montañas, dijo la gaviota.

¡Aaah!, entonces ¿Cómo regresarás a tu casa?

La gaviota lo miró fijamente y pensó. De repente vió la respuesta. Claro, era sencillo, si seguía cualquier río, debería liegar al mar, y al llegar al mar, todo era mís sencillo. Le preguntó al sabio:

¿Qué río debo seguir?

¿Cuál crees tú que debes seguir?

El más grande.

¡Por supuesto! - exclamó el sabio.

Una vez conseguido su objetivo, la gaviota le dió mil gracias al señor sabio Don Juan Lechuza y voló hasta lo más alto que pudo, desde allí pudo ver un gran río que bordeada el bosque por su lado derecho, se dirigió hasta él y empezó a volar sobre el río siempre en la misma dirección en que éste iba, voló y no fue mucho, de repente se encontró con el mar. Dios mío, ¡Que maravillosa sensación!.

Inmediatamente reconoció el lugar y sin más dudas voló rápidamente a su casa. ¡Qué bién se sentía!, no tanto por haber conseguido el camino a su casa, sino porque había aprendido cómo poder volver a su casa sin necesitar al Sol, se habia independizado. Ya no necesitaba al Sol para que la guiara, ella sólamente con sus conocimientos podría encontrar todos los caminos.